El goce del desplome
- lentepoetico
- 5 mar 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 16 mar 2022
Si no estas de pie no la leas. Su poesía es un golpe.
Manual de Instrucciones, de Santos Locos Poesía, es la primera compilación que se hace en Argentina de la obra de Gladys Gonzalez, poeta chilena ganadora del Premio Neruda de Poesía Jóven en 2019.
Transitar su obra es un viaje a los márgenes, la violencia, la noche, la calle, la muerte. La chica mas linda de la fiesta / tiene una bolsa plástica en la cabeza / marcas de tinta en los dedos / sus huellas digitales / en toda la ciudad. O cuando habla del amor: Esta noche / no intercambiamos jeringas / ni besos / nos declaramos la intensidad en el / rostro nos guardamos la sangre salvaje / para no contagiarnos desde el amor. Pero el amor en su obra pasa en diagonal como lo ausente, lo que se evoca, lo que podría, acaso, salvar de la intemperie: bajaba del colectivo / y miraba tu calle / desde Gran Avenida / hasta Santa Rosa / caminaba / alrededor de tu casa / marcando el territorio del corazón / como un perro.
Su estética responde a otras representaciones del feminismo, del paisaje urbano, de lo sórdido, de lo callejero. En su poética está latente un Chile abierto como una herida, previo al estallido. Hay una tensión constante entre la muerte y la supervivencia: Una pensión en Valparaíso / una cama / una mesa y dos sillas / tengo a John Milton / sobre la taza del baño / estoy bebiendo lo que queda de la tarde / he escrito cosas mientras estaba borracha / que me parecen bien / espero a mi amiga del cerro Barón / para que me recoja despacito / como trozos de mercurio / y me lleve a comer algo / en un restauran donde halla wurlitzer / porque quiero escuchar / esa canción de Bob Dylan / todo lo que me resta de vida.
La escritura de Gladys Gonzalez nunca reconforta. No premia. Y la lectura vertical de sus poemas es la del desamparo. La palabra desierto vuelve una y otra vez como las olas del mar en esos paisajes de puerto sin futuro. Leerla es experimentar la intemperie, en todos los sentidos.
Veo la pobreza de mi barrio / las calles inundadas / llenas de barquitos de papel / que los niños recortan / veo la pobreza de mi barrio / barquitos de papel / naufragando como lucecitas / en el barro.
Siempre parece hablar desde la más absoluta soledad y sin embargo aparecen por detrás todas esas voces resquebrajadas en un hotel de paso, en un bar, en la calle. La evasión, sin embargo, es la opción al desastre, esa es en su poesía la zona blanda frente al desplome.
Huída
esta noche termina
como todas las otras
encerrada en una habitación
de un hotel de paso
viendo flotar
en el agua del inodoro
colillas de cigarrillos
que se desploman
por el suelo
las luces de neón de la boite
iluminan la ventana
como las llamas
de un gran incendio en la ciudad
como si todo este desierto
celebrara mi huída.
Acantilados
la noche
es una botella
envuelta en papel azul
que va amargamente
de un lado a otro de la habitación
el sonido de la lluvia y el viento
dibujan en el gastado papel mural
sombras de pequeños pájaros
que se lanzan desde el ciruelo
al vacío de los acantilados.
Doméstica
esta primavera
he comenzado a hacer mi cama
todas las mañanas
después de levantarme
busco domesticarme con pequeños rituales
lavar platos
pagar cuentas
hacer el desayuno
almuerzo
once
y cena
busco la maera perfecta
de arreglar mi cabello
y de hacer aeróbicos
en el gimnasio
todo
para verte desde lejos
y engañarme
con que mi vida
ya no se escribe
hacia abajo
que ya no es
un verso largo
y menos un poema.






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