Escribir, decir el cuerpo
- lentepoetico
- 28 ago 2022
- 2 Min. de lectura


Antiguamente, cuando en la noche los relojes solares perdían utilidad, se usaban las clepsidras que medían el paso del tiempo a través de un flujo regulado de agua de un recipiente a otro.
Clepsidras en la lluvia, de Editorial El Dock es un poemario en el que hay que bucear. En la superficie hay mucha luz, es necesario descender leyéndolo varias veces hasta lograr empaparse. Solo ahí se vislumbra su fauna. “La máquina celular no es el cuerpo… / encerrado y solo en los sentidos / si desbordara, si pudiera escapar desatarse de la comprensión / ser lo que es / tamaña locura… / escribir / decir/ el cuerpo”
La primer parte del poemario “Cuerpo alambrado” comienza buscando las claves de ese descifrar, por dónde se explica lo que habita el cuerpo, “sobre la proa de mi muslo allí / qué pájaro qué territorio bélico”. A lo largo de los poemas surge esta mirada extrañada sobre el propio cuerpo donde un ejercicio posible de apropiación es la poesía: “Es sobre todo una distancia, por eso la camino con un bisturí / tu cuerpo enigma detrás debajo encima / excepto ahí en la mesa de disección.”
Pero el agua es el telón de fondo ¿Podrá ser quizá una placenta en la que se gesta toda esta pregunta? "El agua no solo como medida del tiempo sino como origen. “No es mi madre contra la llovizna / cambiando una y otra vez / las fuentes dónde iban / las goteras a beber/ era la esquina / del cuarto en la que el sol no daba nunca / era su cama donde el agua / se iba a chorros / por las sienes de mi madre…” Y si el tiempo no pudiera medirse ni contenerse, cuántas cosas son así, como el tiempo, inevitables?
“Todas las torres se borran en la lluvia / todos los picos montañosos” El agua vuelve acompasando poemas, como un sonido “La palabra se hace líquida / y se van las cosas por sus bordes / como quieren."
El poemario cierra con “Uruboros”, otra alusión griega, que representa el círculo de la serpiente comiéndose su cola, lo que simboliza en muchas mitologías la idea del eterno retorno, la naturaleza cíclica de las cosas, como la clepsidras en la lluvia, contra lo que no se puede, quizá, y esa lucha eterna por tratar de escribir, describirse: “cada grafo negro / una cicatriz en la frente / así escribe la lengua sus andamios … / escuchas la voz de un recitante roncar en mis pulmones. Pero la lengua que escribe / describe -a lo mejor-me describe y habla / que haga su texto entonces / sin paciencia / que estalle / y vuelva a empezar / como una yema verde."




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