top of page

Mientras alguien me recorre me vuelvo río

  • lentepoetico
  • 5 mar 2022
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 16 mar 2022



Crecida, de Editorial Pánico el Pánico, es un poemario indispensable para transitar la maternidad. Debería estar en la casa de toda mujer que fue, es o será madre.

Nancy Gil es psicóloga con perspectiva de género, poeta y madre, tríada sobre la que se construye un yo poético potente en donde la honestidad, la pregunta y la transformación atraviesan la obra.


Uno de los primeros poemas de Crecida es Partir. Nancy Gil dice: Abandono mi especie / me arrastro sobre el suelo / escucho un grito gutural / proviene de la tierra / conozco el camino / la traigo del agua a casa / me abro / parto / es una despedida / también lo contrario. La maternidad aparece como un estadio desconocido que destruye todo tal cual fue entendido para ser reemplazado por otra perspectiva, tan nueva y tan salvaje que significa abandonar la propia especie pero, que sin embargo al terminar el poema, en el último verso, lo pone en duda: parto, es una despedida, también lo contrario. Quizá sea asumir la única mirada posible sobre la propia especie, irse tan lejos para volver exactamente al centro de la humanidad.


Y cuando digo irse tan lejos, redoblo la apuesta tomando un verso de otro de sus poemas: el puerperio es un exilio. Es que en la poesía de Nancy el lenguaje es filoso desde su simpleza, sus extremos, el miedo está presente subcutáneamente en todos los poemas, sin embargo su lenguaje es radical, valiente, honesto, incómodo. Como en Fragil: un bebé puede ser frágil / una granada / en el centro de la cama conyugal.


La ambivalencia entre fortaleza e indefensión que orbita en la maternidad temprana es un leimotiv en la obra, pero gestada desde el desarme, el despojo y la deconstrucción es la que la convierte en un acto de resistencia.


En Crecida hay un doble movimiento, es como un pulso, una contracción que se repite, en donde el yo poético se repliega solo, esa es su condición inevitable, pero también sale al encuentro con las otras, con todas esas otras que están en su historia viva, su abuela, su madre, todas esas otras que escribieron en sus casas como acto de supervivencia: Necesito aprender todo otra vez, o ¿qué es lo que tengo que aprender? / Converso con escritoras madres / las invoco esta madrugada / ay, como si alguna de ustedes / pudiera decirme es por acá / qué habrás sentido, Sylvia / aquella fría mañana / qué habrá significado para vos / preparar el desayuno a tus hijos / y después la nada. En ese lazo invisible ella se tiende un abrigo, a la vez que resemantiza su ordenamiento del mundo. Todo está suspendido en el aire, lo único asible es la maternidad y su único punto de apoyo es esa experiencia colectiva, histórica, familiar o universal, en donde ella encuentra la única compañía posible para su misión. Por eso para mí Crecida es un libro tan bellamente político. Si hubiera estado en mis manos la primera vez que fui madre hubiera sido un collar de luz.






El rescate

Abrís

los párpados con tus manos

todas las ventanas las cortinas

de par en par

me destapás

escondo la cabeza

debajo de la almohada

me movés

de adentro hacia afuera

me despertás, hija

mientras llevás hacia la orilla lo que soy

con el oleaje

me hacés vivir

por vos no tengo permitido

morirme no puedo.




Naufragio

Nostalgia de la que fui

extrañamiento de la que soy ahora

perdida

espero el vuelo de las gaviotas

que anuncien el regreso

¿volveré?

¿adónde?

el puerperio es un exilio

sobrevivo en la belleza

me aferro a los detalles

que forman nuestros días

existen:

el color del atardecer en el oeste

ese último instante de sol

estas son mis manos

esta es mi hija, este su olor

su rostro por fin conocido

estoy perdida

y resplandezco: un destello

en medio del océano.




Telarañas

A mis abuelas


A mis abuelas

Existe una voluntad

que vuelve (una y otra vez)

a tejer

sobre lo destruido.


Cada día el cuidado

es una labor de hembras

no hay hombres

en este poema

solo arañas

caminando con prisa

unidas a sus casas de tela

lugar trazado por el instinto


algunas madres

son devoradas por sus crías

en sacrificio

se licúan hasta agotar

cada fragmento de su cuerpo.

Dirán que es natural.


Cuando algo está

donde tiene que estar

se vuelve invisible.


Si de pronto todas las arañas

abandonaran sus casas

(algunas casas pueden ser una trampa)

ocuparían las avenidas las calles las plazas

el mundo se detendría a mirar

por fin

los hilos que mueven

la vida

sin dejarla caer.



















 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

©2022 por Lente Poético. Creada con Wix.com

bottom of page