Un hombre que es una pregunta
- lentepoetico
- 25 sept 2022
- 2 Min. de lectura


Por Daniela Noceti
"Anduve acariciando el lomo de una oscuridad", dice uno de los versos de @ferraluy en “Para fabricar un relámpago” de ediciones Diotima, un poemario que reúne los deseos secretos de una luz repentina, que rompa la oscuridad y su permanencia. Como si se tratara de una poética de la espera, se aguarda que algo suceda y mientras el acontecimiento no llega, acaricia todos los andariveles de la contemplación con delicada belleza: “A las siete de la tarde/en verano/hay quienes se paran/en Miguel Cane y Brito/a esperar el 278/a Banfield/otros se prestan en esta misma vereda/a la epifanía/del sol horizontal/entre el tul verde de los árboles” o en Arrinconado, “Me quedo observando/al gato que mira/al insecto arrinconado/entre zócalos/que le niegan el escape/a la madrugada que me hostiga/no le hace falta agazaparse”.
Son poemas de puro presente pero también se filtra la memoria y la nostalgia “Tristeza nao tem fin/cantaba en un sueño balbuceando/ en una cama en Necochea/en el amanecer de un eco”, como si la tristeza fuese un prefacio en esa cama de infancia, o en Lejos, “Nuestra tarde perfumada/se fue tan lejos/que ya se ve la luna”.
Fernando Raluy busca un lenguaje que sacuda la monotonía, la noche, la pregunta.
En el poema que le da nombre a su libro dice: “años de pausa/pulsando el cuerpo/ancestral del descampado (…)el rayo crecido espera/hacen falta unas manos/que lo cosechen sin fulminarse”.
Esta idea del rayo esperando la señal previa que habilite la descarga eléctrica condensa la calma impaciente del poemario. “Ante la puerta/palpó mí cuerpo/en pintoresca danza/los bolsillos sin llaves/guardan un estruendo/de pelusas”.
Enraizarse en ese descampado solitario parece una imagen posible de cobijo “voy en su savia/a la carne verde/de sus hojas/y me enraizo para no morir/quién sabe qué es el ciprés/ahora que en él vive/un hombre que es/una pregunta”.








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